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Tras reiteradas advertencias por parte de arquitectos y restauradores sobre el deterioro de la Catedral de la ciudad de Córdoba, desde fines del año pasado se concretan refacciones en el edificio emblemático que, a pesar de ser declarado monumento histórico por el Estado Nacional, desde 1950 no recibía obras, sólo mantenimientos mínimos.
“Con el aporte del gobierno de la Provincia, Banco Santander Río, el Sanatorio Allende y la Empresa Sancor Seguros, las obras se concretarán en dos etapas y se estima que a fin de año los trabajos ya estén terminados”, explicó Andrés Rojo, encargado de la obra. Quien estimó en 900 mil pesos la inversión que demandará la primera parte .
“El objetivo es restaurar, cuidar y privilegiar lo que ya está, siempre respetando la originalidad del templo, lo que hace que las tareas sean más lentas”, ponderó. El dato es significativo si se considera que Córdoba es la ciudad argentina con mayor patrimonio arquitectónico colonial.
Cabe destacar que si bien hubo muchos proyectos ambiciosos de restauración, con la elaboración de técnicos y especialistas en la materia, en 2001 y 2002, más tarde, nunca llegaron los recursos necesarios para ejecutarlos, un panorama que llevó a las autoridades a imaginar -y financiar- diferentes soluciones.
Los trabajos de restauración se concentrarán en la fachada, el ingreso a la Catedral y el interior del templo, para lo cual trabajan equipos técnicos con apoyo de la Universidad Nacional de Córdoba, además de la participación de otros especialistas en la materia.
La labor incluye un relevamiento de los deterioros y un proyecto integral de restauración, con la asistencia de representantes locales de la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos, que depende de la Dirección de Arquitectura de la Nación.
El templo no es administrado por el Arzobispado sino por una comisión que, a manera de cooperadora, ayuda a la parroquia. Es decir, se sostiene con los recursos que aportan los católicos que concurren al templo, que la Iglesia Católica prefiere no llamarle diezmo.
Lenta pero sostenida, el último tiempo se fue produciendo una disminución de los fieles que concurren y, en consecuencia, de los que aportan para su mantenimiento. Lejos de tratarse de una crisis religiosa, la situación responde a que el centro de la ciudad se fue despoblando y los creyentes optaron por concurrir a otros templos o iglesias barriales más cercanas.
Bajo el lema “Los cordobeses restauramos nuestra Catedral”, para Rojo: “Hay que destacar la colaboración por parte de los fieles, y de empresas públicas como privadas que desinteresadamente se acercan a colaborar”.
“Mostrar la Catedral, considerada por los restauradores más reconocidos como uno de los emblemas más importantes de la ciudad, era una deuda de todos los cordobeses”, culminó.
Patrimonio cultural
Para quienes trabajan activamente en la recuperación del patrimonio cultural arquitectónico, no resulta nuevo el análisis sobre el estado en el que se encuentra la Catedral local, nacida con la ciudad misma al comenzar el siglo XVII. De hecho la advertencia sobre su deterioro fue numerosas veces hecha por especialistas de la arquitectura y el arte.
“Al mal estado en que se encuentran las pinturas de González Velázquez, debemos agregar la desaparición del plano del proyecto de altares del crucero de la Catedral realizado por Arnal, para comprender una realidad del patrimonio artístico argentino”, sostuvo el arquitecto Carlos Page para quien “Las pinturas constituyen un verdadero patrimonio que no es sólo del párroco de la iglesia, ni de los cordobeses, es patrimonio hispa-noamericano”.
Page, en el marco de una profunda investigación sobre el proceso de construcción del emblemático edificio se animó a cuestionar si, ante tanta desatención “no sería oportuno devolver las pinturas a la Academia de las Tres Nobles Artes de San Fernando qu |